Durante el período de 1985, Bolivia, se recuperaba de una de las etapas más críticas de toda su historia, tanto en el marco económico, como en el aspecto social.

El país en ese año, aún se encontraba en su fase emergente de la agobiante crisis económica que sufriría a principios de la década. Mientras se instalaba un nuevo orden económico, que cambiaría la realidad nacional, se buscaba simultáneamente solucionar los problemas más urgentes y mejorar la calidad de vida de la población.

 En la búsqueda de solucionar los problemas de salud que era una de las prioridades de Bolivia, se logró atraer la atención de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para apoyar el inicio de un proyecto de prestación de servicios de salud dirigido a las bolivianas y los bolivianos. De esta manera, PROSALUD se creó como un modelo alternativo de salud, que pudiera complementar armoniosamente con líneas de acción adecuadas al sector público con el privado, pero sin fines lucrativos.